Tras más de sesenta días de negociaciones intensas, ya hay un entendimiento previo entre Argentina y el Fondo Monetario Internacional (FMI). El resultado: un borrador de trabajo y plazos.

De acuerdo a informaciones extraoficiales que pudieron conocerse en ámbitos del ministerio de Economía de la Nación, en los próximos días se firmaría un acuerdo a 10 años del tipo “facilidades extendidas” entre la República Argentina y el FMI. Las mismas fuentes destacaron que se comenzaría a cumplir con las obligaciones del acuerdo a los cuatro años y medio después de firmado.
Esto implica que si el “board” del organismo financiero que maneja Kristalina Georgieva aprobara los papeles correspondientes en tiempo y forma (antes que termine el primer semestre), el primer pago concreto que Argentina debería ejecutar para comenzar a liquidar los u$s44.800 millones que se le deben al FMI; sería en el segundo semestre de 2025. Probablemente bajo la fórmula de intereses en todos los primeros semestres, y capitales en el segundo.
La gestión de Alberto Fernández culmina en diciembre de 2023, y el primer compromiso puntual con el organismo deberá cumplirse a dos años de asumida la próxima presidencia. Mientras tanto, durante los 4,5 años de gracia que tendrá el país sin compromisos de pagos al FMI, Argentina deberá cumplir con las fiscalizaciones habituales del organismo incluidas en el artículo IV; alcanzando las metas a las que se comprometa ante el Fondo. Esto incluye objetivos fiscales, monetarios, inflacionarios y cambiarios y otros.
El equipo de Martín Guzmán piensa que para el 2025 Argentina ya habrá salido de su crónica crisis fiscal y comercial, y generara la suficiente confianza en los mercados internacionales como para poder volver a tomar deuda. En consecuencia, lo que esperan los negociadores con el FMI, es que no se toquen las reservas; y que estas permanezcan en aquellos hoy lejanos tiempos futuros, acumulando divisas para mostrar solidez cambiaria y fiscal a los mercados internacionales. Se descarta entonces, cualquier etapa épica como la de comienzos de 2005, cuando Néstor Kirchner anunció el pago de toda la deuda que el país mantenía con el FMI, y que llegaba a los u$s9.800 millones. Esa alternativa, por décadas, estará cerrada. Gobierne quien gobierne.
Estas son las condiciones generales que ya están prácticamente cerradas, y que, salvo sorpresas desagradables, serían avaladas oportunamente por el “board” del organismo. Si Argentina lograra no pagar hasta el fin del mandato de Alberto Fernández como propone Martín Guzmán, los primeros pagos de capital más intereses comenzarían en el primer trimestre del 2025; con lo cual habría entre tres y cinco años para liquidar los u$s44.800 millones que se le deben al FMI. Haciendo números crudos, serían entre u$s8.000 y 10.000 millones anuales de pagos obligatorios si el país no quiere perder su status en el Fondo y, eventualmente, la alternativa de nuevos créditos. Dinero que no debe salir de las reservas, sino del financiamiento voluntario. Además de no caer en default y sufrir castigos impensados en el mercado financiero internacional. Los negociadores argentinos saben que ese nivel de pagos es imposible de afrontar para el país, pero piensan en alternativas.
Otra opción, no grata para la Argentina, serían planes de refinanciación del propio FMI para ir pedaleando las cuotas; situación que puede generarse sólo si el país comienza a cumplir con los primeros compromisos, sin apelar a esta alternativa. Implicaría que durante el 2025 y el 2026; sí o sí, Argentina debería conseguir entre u$s15.000 y 18.000 millones para cumplir con el Fondo; para luego poder acceder a las líneas de refinanciamiento del organismo.
La intención de Guzmán es la de lograr que este acuerdo con el FMI se convierta en Política de Estado. El ministro de Economía buscará que el contenido pase por el Congreso y tenga fuerza de ley; con una acción importante y superadora a cualquier otra situación similar que se haya vivido entre el país y el organismo financiero internacional: que el proyecto de ley sea aprobado también con los votos de la oposición, incluyendo los legisladores de Juntos por el Cambio. Tanto radicales como macristas. Intentará así algo impensable para la época que se vive: saltar la grieta. Y conseguir así la seriedad suficiente ante el mundo financiero, para que los mercados se convenzan de que hay una nueva realidad y de largo plazo para que cuando llegue la hora dentro de cuatro años esté la posibilidad de conseguir financiamiento para poder cumplir con los pagos a los que el país se comprometa.
Para lograr este apoyo político, Guzmán se puso la misión al hombro y ya emprendió una cruzada personal. Lentamente, pero sin pausa, el ministro está contactando a los referentes del oficialismo y la oposición de todo el país, para explicar el acuerdo que está negociando con el Fondo.