A campo. Noelia Pessolani y Franco Mattalia, veterinarios de Arias que crian gallinas que pastorean a corral.

La historia de una pareja de jóvenes veterinarios de la localidad cordobesa de Arias que, en familia, decidieron apostar por una avicultura alternativa con mucho potencial. Huevos con mayor nivel nutricional y producción sustentable de alimentos.

Producir huevos a campo con gallinas libres de jaula, cuidando el ambiente y siendo más conscientes de lo que consumían, fue el disparador que impulsó a Noelia Pessolani y Franco Mattalia, una joven pareja de médicos veterinarios, que junto a sus dos pequeños hijos, decidieron ir por una avicultura alternativa. Desde la zona rural de Arias, al sur de la provincia de Córdoba, encontraron oportuno este tiempo de pandemia para desarrollar una actividad sustentable y de mucho potencial.

En este tipo de producciones, las gallinas andan sueltas y pastorean todo el día en el corral, y por la noche duermen en una casilla de campaña acondicionada a tal efecto, donde también ponen huevos. “Es otra forma de producir, en un marco muy natural y eso es lo que nos diferencia. El huevo también es diferente y tiene otras características”, afirma Noelia.

Si bien hace pocos meses que dieron marcha al emprendimiento y el invierno es una época de baja producción, especialmente para las gallinas que viven en contacto con la naturaleza y que no ven alterado su proceso fisiológico, la “cosecha” de huevos viene siendo muy buena, aseguran. De hecho pudieron abastecer a comercios locales y de la zona, y enviaron «las primeras docenas a la provincia de San Luis”, cuenta.

Noelia y Franco son egresados de la Facultad de Agronomía y Veterinaria de la Universidad Nacional de Río Cuarto, y desde sus inicios, desarrollaron su profesión vinculados a la ganadería. Sin embargo, las condiciones que les impuso la pandemia en lo que respecta al crecimiento de sus pequeños hijos los tentó a mirar hacia el campo familiar y reconvertirse.

Los inicios

Comenzaron con ciento cincuenta gallinas, con una mezcla de “ansias y entrenando la paciencia, hasta que las gallinas pusieron los primeros huevos”, resume Noelia. “Si bien somos veterinarios, no teníamos mucha idea de gallinas, pero empezamos a estudiar y meternos en este mundo, con el apoyo de un grupo de avicultura alternativa”, agrega.

El objetivo es producir de una manera que se cuide el bienestar animal, obteniendo un producto sano, nutritivo, y que el consumidor sepa que para llegar a venderle ese huevo se cuidó a la naturaleza y a los animales”, cuenta Noelia, reafirmando la filosofía del emprendimiento.

Una de las características de producir en un marco natural es que “el animal está prácticamente sin estrés” y así “disminuyen las posibilidades de contraer enfermedades y otros problemas”.

“Es gratificante ver cómo las gallinas escarban la tierra, se tiran al sol y se desarrollan de modo totalmente diferente a una gallina enjaulada y con una exigencia estresante”, cuenta.

En el lote donde tienen las gallinas hay alfalfa consociada que la comparten con algunas vacas. La casilla es movilizada a distintos puntos del predio para que las gallinas siempre puedan tener pasto fresco. “Cada cinco o seis días movemos la casilla con las redes que delimitan la parcela a un lugar nuevo de alfalfa”, detalla.

“Además del pasto natural y de los insectos que ellas elijan, las gallinas reciben alimento balanceado. Ellas equilibran la dieta y eso se ve en el huevo. Una yema bien anaranjada, la clara consistente, y eso tiene que ver principalmente con lo que comen”, afirma.

La médica veterinaria aprovecha para aclarar que “no sólo el huevo colorado es ‘de campo’, también hay huevos blancos que son producto de cría natural. Eso tiene relación con la línea genética de la gallina”, apunta.

En este caso, todas las gallinas que tienen son de la raza Lohman, pero hay otras muy efectivas que también son usadas para esta modalidad de producción. El Inta provee distintas razas ponedoras que dan buenos resultados.

Negocio sustentable y rentable

El respeto a la naturaleza y las buenas condiciones de vida para los animales no se contraponen con la idea de un negocio rentable.

Este matrimonio de jóvenes profesionales nunca dejó de lado sus ganas de crecer y para volcarse a la producción de huevos con gallinas a campo hicieron un estudio de mercado y buscaron asesoramiento en grupos que ya cuentan con experiencia.

Comenzaron con ciento cincuenta gallinas y fueron aumentando el número y la producción. “El invierno, es una época que baja la producción para las gallinas y para nosotros es una transición. Pero cuando las gallinas están en buen porcentaje de postura, con esa cantidad se puede decir que cierran los números”.

Un buen porcentaje de postura es de alrededor 70 o 75%, ahí ya es rentable. “Nosotros tenemos planes de seguir aumentando el número de gallinas y de casillas y está el proyecto para ponerlo en marcha. Desde luego que cuando aumenta el número, el resultado económico es mejor”.

“Vale remarcar que se trata de un huevo que se vende a un precio un poco mayor que el que proviene de una industria (Ndr: suele decirse huevo de criadero), porque trabajamos mucho en valorar lo que producimos”, dice Noelia usando el plural porque es una línea que adoptaron en los grupos de avicultura alternativa.

Además, sostienen y demuestran que no es lo mismo producir un huevo en estas condiciones “que cualquier otro huevo”. “Las características y el valor nutritivo de estos huevos son notablemente diferentes. No tenemos nada en contra de las otras formas de producir, pero es distinto y lo queremos destacar”, señala.

Más allá de las ventajas diferenciales en cuestiones de sanidad, los huevos de las gallinas en corral, pastoriles, que no están enjauladas o confinadas, tienen características nutricionales superiores a los llamados huevos industriales. Contienen más vitamina A, E, beta-caroteno, omega 3 y también tienen menos colesterol.

“La clave es la observación”

Sobre la condición de las gallinas, riesgos de enfermedades u otros problemas que puedan afectarlas, indica que la clave es la observación. “Hay que estar con ellas, mirarlas. Enseguida te das cuenta si están decaídas, si tienen algo raro. Hay que revisarles las plumas, la cresta. El seguimiento y la observación es el método más eficaz de detección precoz o prevención que podemos hacer”, destaca la profesional.

Asimismo, controlan el consumo de alimento y periódicamente las pesan, pero el secreto, remarcan, “es mirarlas con atención”.

Un día con las gallinas

Se comienza muy temprano, cuando el día empieza a clarear, se abre la puerta de la casilla para que salgan. “Están ansiosas para salir a pastorear”, dice Noelia. Revisan que todo esté en condiciones normales, que tengan comida y agua, y las dejan.

A mitad de mañana “se hace la primera juntada de huevos y pasado el mediodía viene la segunda. Por lo general, ponen hasta las cuatro de la tarde, después de esa hora es raro que se levanten más huevos”.

“A la tardecita suben solas a la casilla, a dormir. La puerta se cierra por el peligro de los depredadores naturales, para que estén seguras”, agrega Noelia.

“Nosotros disfrutamos mucho en familia. Vamos con los chicos, estamos todos en el corral, tomamos mates y las gallinas andan por ahí. Es muy gratificante. Somos una familia con ganas de estar y trabajar en el campo juntos. Es un regalo de la vida que nuestros hijos crezcan aquí”, contagia.

Hoy están también en Instagram (Doña Pepita Huevos de Campo), donde comparten el día a día de esta actividad.

Fuente: Agroclave – Edición impresa