El tucumano exigirá informes a sus ministros y reuniones quincenales. El encargado de la Seguridad oficiará además de vocero.

La llegada de Juan Manzur a la Jefatura de Gabinete revolucionó el funcionamiento del Gobierno a sólo 48 horas de la jura del tucumano y vaticina un cambio de rumbo, al menos en las formas, de la gestión de Alberto Fernández.

Manzur encabezó su primera reunión de gabinete este miércoles con varias señales para distinguirse de su predecesor, Santiago Cafiero, que en casi dos años de función había convocado a la Rosada a todos sus ministros en una sola ocasión.

El tucumano hizo madrugar a sus nuevos subordinados, que tuvieron que apersonarse en Casa de Gobierno a las 7 de la mañana. El objetivo del jefe de Gabinete es hacer estas reuniones una vez por semana o al menos cada 15 días. 

«¿Querían un cambio de gabinete? Tenían un jefe de gabinete alto, pelilargo, con canitas al aire, fachero. Y vino un gordo pelado y de fachero nada, pero eso si mañana los espero a todos peinaditos y prolijito a las 7 de la mañana».

Sin perder su humor norteño, Manzur los convocó el martes a la noche con tono campechano: «¿Querían un cambio de gabinete? Tenían un jefe de gabinete alto, pelilargo con canitas al aire, fachero, Y vino un gordo pelado y de fachero nada, pero eso si mañana los espero a todos peinaditos y prolijito a a las 7 de la mañana».

Más allá de las bromas, el cambio de rutina no será sólo protocolar: los ministros deberán presentar informes de gestión en cada una de esas reuniones como la de este miércoles, que duró tres horas.

«Manzur no viene a pasear, va a estar arriba de los temas», dijeron a LPO en el Gobierno.

El madrugón no incomodó a todos. El ministro de Trabajo, Claudio Moroni, finalmente encontró un par. El martes se juntaron a las 6.45 y este miércoles desayunaron juntos a las 6.30 antes que llegara el resto de ministros.

Pese a que ya no tendrá a Cafiero en el control diario de la gestión, en el albertismo no creen que el presidente se vea eclipsado por la figura de Manzur, sino que su presencia le dará más espalda para atender distintos frentes, en especial el de los «grandes temas», como el rumbo de la política económica y las relaciones exteriores.

«Todavía tiene el poder de la lapicera, lo que no es poco, pero no quiso ir a la guerra», se lamentan en el albertismo, en donde se entusiasmaron por algunas horas de una posible independencia del presidente respecto de Cristina.

Al mismo tiempo, creen que Manzur servirá como un dique de contención contra el avance del kirchnerismo en el gabinete, expuesto de manera brutal en la semana posterior a las primarias.

«En el albertismo no recelan del protagonismo de Manzur, por el contrario creen que le libera tiempo al Presidente para que se dedique a «los grandes temas»: la política económica y las relaciones exteriores. Además, creen que funcionará como un dique ante el avance kirchnerista».

El tucumano tiene el respaldo de los gobernadores, por lo que el rol de Eduardo «Wado» de Pedro quedará más acotado que durante la era Cafiero, si bien el ministro del Interior logró sobrevivir al recambio de gabinete cuando estaba todo dado para su salida.

Aníbal Fernández tendrá un rol relevante que trascenderá las funciones de ministro de Seguridad. Será el principal vocero del Gobierno en los medios, más allá del criterio unificado que tratará de imponerse desde la Secretaría de Medios, en la que ya se definió que Marcelo Martín, quien era el segundo de Juan Pablo Biondi, oficiará de vocero de Alberto, cuando haga falta algún posicionamiento «institucional».

Fuente y fotos: La Política Online

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